
No puedo abrir los ojos pero sé que estás a mi lado y que tú tampoco puedes mirarme. Estamos derrotados en las camas de este hospital. Nos trajeron una tarde, entre un aullar de ambulancia y un asalto a los semáforos en rojo. Rescato, ahora, de mis recuerdos una carta comenzada en el sofoco de la siesta.
- ¿Te vienes, un ratito, aquí a mi lado?
Y me recosté, junto a ti, en un hueco de la alfombra.
- Se está mejor que en la cama-dijiste-.
Me resulta imposible describir cómo es la habitación. Como tú sólo dedico mi tiempo a imaginarla, como imaginamos las nubes o la hierba…Sí escucho tu agitada respiración o tus quejidos cuando retiran una venda o restañan una herida…
- Se está más fresco en esta alfombra.
- Tumbados en el suelo se ven las cosas de otra forma y mientras dices esto, apartas los cabellos de mi frente, mis manos apenas rozan tu cuello, la palabra caricia se escribe en una línea.
Adivinamos también al nombre de las cosas: “ entre el azul, cada día, juega al escondite” - te digo - y te entretienes buscando un sol bajo mi blusa…añadimos otra frase…
A cada momento entra la enfermera, vigila tu respiración, toma la temperatura. Siento cómo anota todo en una libreta. Lo hace en silencio, temiendo interrumpir la lectura de esta carta. Bueno, de los trozos que, aún hoy, quedaron prendidos en la memoria. Me he perdido, no sé por dónde iba, he dado un salto entre las líneas, quizá tu recompongas la carta de otra forma, ignoro los trozos que salvaste.
- ¿Te vienes un ratito aquí a mi lado? Se está más fresco que en la cama-dijiste.
Dibujabas un árbol en tu mano y nacieron enredaderas en la carta. Y pájaros y ramas. Y una vida vegetal que entretenía nuestro tiempo…
Siento un clic metálico, tal vez unas tijeras, van a levantar las curas.
He podido escuchar que tardaremos tiempo en recuperarnos así que no tengamos prisa, no podemos hablar, pero me veo hablando y a ti escuchándome... para romper la soledad del cuarto, para vencer el dolor y mantener viva la esperanza.
- Se está aquí mejor que en la cama. Y me recosté a tu lado.
El calor fue desnudando nuestros cuerpos, llenamos de susurros esa alfombra. Seguíamos escribiendo…con las prisas de tus manos, con la urgencia de mis brazos.
- ¿Te vienes a mi lado un ratito?
Un ratito y llevamos una eternidad juntos, sin poder cambiar a este cuerpo de postura, silencio, fuego, quemaduras, llamas, fuego, fuego…
Un resplandor inmenso llegó hasta el techo: apareció la palabra fuego en las cortinas, en las paredes, en los suelos, devorando las amapolas de la alfombra.
Nos faltaron palabras esa tarde: nos faltó la lluvia para apagar el fuego, que consumió las horas de la siesta. Nos faltó la palabra barco para navegar en ese mar de llamas y salir del laberinto de humo y de sofoco que era la casa.
No pudimos terminar, no acabamos de escribir. Calor, fuego, humo…
- ¿Te vienes aquí a mi lado?
Nos vuelven a cambiar las sábanas. En el reposo de la sala me dices, sin palabras, que escribiremos otras cartas. Y que esperaremos a la lluvia en esas cartas.
Fernando, 5 de Mayo del 2009.
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